sábado, 22 de octubre de 2011

Un dia triste...

Era ya tarde en la oficina, cuando Jacobo me paso un enlace por el sistema de mensajería interna del trabajo. “Mira en donde vivimos”, había escrito en el encabezado. El enlace me llevo a una noticia de un periódico español, que titulaba: "Polémica en China, por la indiferencia ciudadana tras un atropello en China", y bajo esas lineas estaba el vídeo que había dado raíz a la noticia.

Las imágenes habían sido captadas por una cámara de seguridad en una pequeña calle comercial de una ciudad al sur de Pekín. En ellas, se podía ver como una niña de unos 2 años, pasea sola por la calle, con esos ojos que solo los niños  tienen. Mira arriba y abajo, todo le parece  nuevo, todo le es extraño. Entretanto, aparece  a ritmo entrecortado  una furgoneta. El conductor, distraido por los distintos puestos que van cediendo a su paso, se acerca sin saberlo hacia la niña. Esta, que está mirando en dirección a la cámara, se da la vuelta justo para que el parachoques de la gran furgoneta, le de en la frente, caiga de espaldas y sea aplastada por la rueda delantera derecha. Debido a la reducida velocidad, el conductor le da tiempo a frenar, antes de que la rueda trasera pase por el cuerpo de la pequeña. Pero tras unos segundos de pausa, el conductor, con  total desprecio por lo que haya podido atropellar, reanima la marcha, terminando de pasarla por encima. La niña queda tendida  en la calle. La escena es aterradora, pero hasta ahí, no es más que un desafortunado incidente, a manos de un descarriado. Lo peor está por llegar.

La cámara sigue rodando. Sobre la calle,  el cuerpo de la niña permanece inmóvil.  Al rato, entra en la escena un hombre caminando. Se dirige hacia ella con paso tranquilo, pero al verla, la rodea, evitando así pisarla, e inmutable, prosigue su marcha. No es el único. Otras cuatro personas , pasan a su lado actuando de forma idéntica, hasta que por fin aparece otra furgoneta. Esta, al ver a la niña frena. Se produce un momento de incertidumbre, hasta que, sin bajarse si quiera retoma la marcha. Lentamente, intenta esquivar a la niña,  pero la calle es demasiado estrecha y pasa por encima de los muslos de la pequeña.  Primero con una de las ruedas delanteras. Luego con otra trasera. El cuerpo de la niña se zarandea por el impulso sometido, y se hace mas patente el charco de sangre en el que se baña su cuerpo. No se cuanto tiempo, ni cuantas personas más pasan al lado, haciendo gala de una total indiferencia, hasta que alguien tiene la “decencia” de arrastrar, el pequeño cuerpo a un lado de la calle. Tras otro lapso, aparece una señora, que coge el cadáver en brazos, y se aleja.

No se si el vídeo sigue. Fui incapaz de ver más. No se cuanto tiempo pasé sentado,  con la vista  clavada en el salvapantallas y hiel en la garganta, pero el resto de la tarde no fui capaz de hacer nada de provecho. Me faltaban fuerzas para enfadarme. Me faltaban fuerzas para llorar. Lo único que podía hacer era tragar saliva, con cada nausea que me sobrecogía.  En el metro de vuelta, me asaltaban pensamientos fugaces. Raro en mi, intente deshacerme de ellos, y me sumergí en la lectura. “El Gatopardo”. No me apetecía nada leer en esos momentos, pero algo me decía que tenía que reprimir las sensaciones que mi mente estaba generando. Esa noche, un amigo vino a cenar. Tras unas cervezas, les deje a el y a Jacob en amor y compañía, viendo la tele, y me retiré a leer al cuarto. Sin duda algo en mi cabeza no estaba conforme. Me metí en la cama. Mañana sería otro día.

No fui plenamente consciente de todo lo que me había impactado el vídeo hasta que desperté, a la mañana siguiente. Me levante con la sensación de haber llorado en sueños. Había revivido el vídeo una y otra vez, y de todas las forma posibles. Había sido víctima, había sido delator, y había sido testigo. La última imagen que mostraba la cara de la niña, se había grabado a fuego en mi cabeza. Había algo tan familiar en ella. Me recordaba a mi sobrina. Me transmitía, inocencia, y ansias de saber. Curiosidad e ingenio. Todo bajo un furgón.

Un poco después, en el metro,  de camino al trabajo apenas podía contenerme. En cada cara de cuantos me rodeaban, veía todos los que con su indiferencia habían condenado a aquella niña. Todos cómplices. Todos asesinos. Buscaba cualquier excusa para poder arremeter contra cualquiera de ellos. De vengarme a mi manera.

Lo que más me dolía era que normalmente el insensible era yo. Siempre he sacado lo peor de cada situación para que ninguna de las que viniera en un futuro me cogiera por sorpresa. Pero esta lo había conseguido. Ya lo creo que si. Y al hacerlo, había salido mi faceta más humana. Esa que raras veces encuentro. Esa, en la que parece que todavía me afectan las cosas que pasan. Por un momento me reconocí a mi, pasando al lado de la niña. Insensible. Inescrutable. Me odiaba a mi mismo, pero más los odiaba a ellos.

Conseguí no matar a nadie de camino a el estudio, e intente que mi mañana fuera lo más sosegada posible.  Seguí dándole vueltas. No sabía quien era el responsable, pero a alguien tenía que culpar. Dudaba entre el país, la cultura, el mundo, o a nuestra sociedad, por arroparnos en lechos de comodidad, y no prepararnos para esto. Entre tantos pensamientos, llego la hora de la comida, y Jacob pregunto a los de siempre que si querían acompañarnos. Así, bajamos a comer,  dos chinos,  la italiana, Jacob y yo. Creo que si Jacob hubiese sido consciente de mi estado, habría prescindido del resto de la compañía, o de la mía.

Nada mas sentarnos, saque el tema. Quería saber las opiniones de la gente local. Lo necesitaba.  Ambos habían visto el vídeo. Ambos se compadecieron de la niña, pero acto seguido intentaron darme una explicación para esa conducta. Me dijeron que en China, debido al sistema legal, cada vez era más frecuente, que los que ayudan a personas tras un accidente, suelen ser acusados del propio accidente, por la víctima, en un intento de esta por conseguir una compensación económica. Aquí,  uno no es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Parece ser que si alguien magullado te señala con el dedo, ya te puedes encomendar a lo más sagrado. Y por si fuera poco las autoridades tiene la potestad de meterte 30 días en prisión, sin tener que presentar cargos.  Cuanto mas hablaban más me enfadaba. Con ellos, por intentar justificarlo, pero sobre todo contra el sistema.  Según me contaron,  el propio  gobierno, haciendo referencia a hechos parecidos, había emitido comunicados, diciendo que la gente que prestase ayuda en caso de accidente, tenía que ser consciente de que al hacerlo, se jugaba que lo implicasen. Sin duda un modelo a seguir.

La conversación degeneró, en el sistema policial en China, y yo, enfadado con el mundo, me desquité torturandolos. Me queje de su sistema, despotrique sobre la censura  y cuestioné su ética, al poder atender a razones al ver a una niña moribunda. Pese a todo, esto solo me hizo sentirme peor. De camino a casa aquella noche, el metro me volvió a parecer una zona hostil. Iba leyendo en sus rostros, con la mentalidad que estos acontecmientos me habían otorgado, intentando ver más allá de lo que hasta ahora había conseguido. Antes me faltaba criterio. Ahora, era consciente de que sus mentes eran un mundo que se escapaba a mi comprensión. Sentía miedo solo de imaginarme, que habrían tenido que ver por esos ojos, para alcanzar ese grado de indiferencia. Solo la idea me aterraba. Pero quería acostumbrarme. Tenía que acostumbrarme.

Tenía que hacer mio este nuevo mundo del que tan poco sabía. Volver a disfrutar de mis momentos, pese a esta nueva realidad. Era cierto que el mundo no había cambiado, pero mi conocimiento sobre él si. Cada día sabia un poco más. Y cada día lo repudiaba otro poco. Pero justamente era ese odio, el que me hacía apreciar la belleza que la crueldad alberga. Necesitaba tener presente esos horrores, si quería llegar a amarlo algún día. Como una flor entre lodo, así es el mundo, y  para amarlo, hay que comprenderlo. Comprenderlo y odiarlo. Solo así, cuando sabes de lo salvaje, lo duro, y lo cruel, puedes apreciar la poca bondad que en el habita, por insignificante que sea.

Llegue a casa, y me senté a escribir esto que acabas de leer. Mañana sera otro día.

19-Octubre-2011 

viernes, 21 de octubre de 2011

Sentando objetivos...

La colonia española en Pekín, aunque pequeña, se hace notar. Su fuerza reside en su unión (como ya he dicho, un español rara vez sale sin un refuerzo nacional que lo aliente). El lema de "picha española nunca mea sola", es extensible a cualquier evento. Hay quienes aseguran haber visto a un espat saliendo solo, pero lejos de las leyendas y los mitos, no hay registro de que eso haya pasado jamás.

 Al igual que el resto de colonias occidentales, todos viven y salen por sitios muy concretos. Dentro de los sitios por los que uno puede salir en Pekín, hay distintos grados de chinismo. Puedes encontrar sitios donde el raro es el chino, y sitios donde el raro sigues siendo tu. A medida que te alejas de la zona de expatriados, el factor de chinismo sube. No es física nuclear.

 Aclarado el factor de chinismo, hay que decir que la mayoría de los chinos no salen, principalmente por el impedimento económico. Pero no os equívocos. Aquí hay chino rico, y aquí, hay una clase social media alta bien extendida. Los chinos más tradicionales, no salen por que no está en su cultura nuestro concepto de salir. Pese a todo, gracias a la globalizacion la vida nocturna en Pekin, es salvaje. Si sabes a donde ir, puedes encontrar fiesta cualquier día de la semana. 21 millones de chinos dan para mucho. son casi 20 millones de caras iguales, descontando un millón de chinas realmente guapas (no busquéis un porcentaje en ese numero; me lo acabo de inventar).

 El gran problema de las chinas, es que no hablan cristiano. Pese a todo (a diferencia de los españoles que salen solos) las chinas que hablan ingles, aunque raras, existen. Al margen de que sean putas o no, el hecho que hablen algo que no sea chino es cuanto menos sospechoso y suele ir ligado a una cierta promiscuidad. Los espat mas ilustres, cuentan con orgullo sus batallas con chinas. La mayoría de las historias son similares. China ligera de cascos, da pie a que el macho ibérico se perfile. Ante las torpes pero insistentes acometidas de este, la china cede su numero de teléfono. Hasta ahí, puta o no, todo es idéntico. El matiz de diferencia suele estar en que las que no cobran, intentan hacerse esperar unos días, mientras que las profesionales (a cambio de un módico precio) satisfacen en el momento. Otro detalle importante, es que las que no cobran son mas feas y lascivas que las propias putas.

Estos hallazgos, se fueron desvelando las primeras semanas (la mayoría por medio de confesiones). Esto era un duro revés para mis intereses. Yo no había venido a China a lo fácil. Yo había venido a china a por chinas de verdad. Mi verdad: mujeres seductoras y sensuales, con un toque de clase y distinción. Una evolución de la semilla que un día dejaron las geishas en Japón, y que tanto ha influido a el resto de Asia. Quería una china bien. Sofisticada. Sabedora de sus encantos, y capaz de usarlos a su antojo. Básicamente, una china que me las hiciera pasar putas. Las facilonas, para los que no tuvieran un ego que alimentar. Yo, estaba llamado a hacer historia.

A mi siempre hambriento ego, las facilonas le dan ardor. Lo barato a la larga sale caro, y las mujeres no son una excepción. Yo quería lo difícil, lo costoso, y eso no tenia cabida en el mundo de los spat. Además, la china que yo quería (mi china), no apuntaba a que fuera a saber ingles. Había demasiados inconvenientes en la ecuación, y las matemáticas nunca fueron lo mio. Las ansias del sueño chino, decaían por momentos. Corría el riesgo de acabar renunciando a él. Inaceptable. Tenia que evitarlo a toda costa.

Influenciado por el bueno de Mao y su libro rojo, decidí adoptar contramedidas que me acercasen a mi objetivo. Medidas drásticas y visionarias, que sin duda se anticipaban a lo que muy bien sabia que pasaría de seguir por esos derroteros.

La primera, (y la que mas picaba) era prohibirme occidentales hasta no haber catado el producto local. Mi historial hablaba por si solo. Me gustan las mujeres difíciles, y eso me acercaba mas a occidente que no a Asia (sobretodo si tenemos en cuenta la gran comunidad rusa que hay en Pekín). Las posibilidades de desviarme de objetivo eran muy tentadoras, y no podíamos correr ese riesgo. Niet rusas, niet europeas, niet americanas, niet niet niet.

La segunda contramedida era deshacerme de esos prejuicios hacia las facilonas. No se puede empezar pidiendo todo, y bien era cierto que cualquier acercamiento cultural previo, sería estar un paso más cerca del obejtivo. Bien sabia que eso probablemente me sumiese a posteriori en una pequeña crisis personal, asociada a el porque de mis actos, y todas esas mierdas con las que tanto me gusta torturarme. Pero un mejor conocimiento de la especie y la liberación que supondría estar en China haciendo lo que se me ha llamado a hacer, bien valía unos días de vació emocional. Si para ganar la guerra, había que perder una batalla, la perderíamos como hombres de valor (nota al querido lector: desde muy pequeñito, inconscientemente, suelo usar el plural mayestático. Siento si complica la lectura, pero dicen que reprimirse es malo).

La tercera, mas que una norma, era una guia. Le había bajado el grado, para no acabar siendo un deshecho social. Era una declaración de intenciones. Nada de quedarse en casa, hasta no haber clavado bandera. Nadie esta diciendo que hubiese que salir todos los días. Era simplemente impedir que mi faceta seta se apoderase de los días. Una incitación propia a salir a descubrir las delicias de oriente.

Según pensaba en estas tres medidas, una frase se repetía una y otra vez en mi cabeza. Era de una escena de Kill Bill Vol.1, donde el enfermero que se encarga de la sección de pacientes en coma, con una sonrisa malevola, un palillo en la boca y un acento sureño, se presenta a los comatosos: "Hi. My name is Buck, and Im here to fuck..."

domingo, 16 de octubre de 2011

Los espat...

Tras el chasco sufrido en la Happy hour, huimos despavoridos para casa. Yo queria echar una cabezada, pero Jacob insistio en subirnos unas cervezas y celebrar mi llegada (retendia asi evitar que mi faceta seta, en la que empalmo la cabezadita de antes de salir con el desayuno del dia siguiente). Ademas no disponiamos de mucho tiempo, teniamos una cena de despedida, de uno de los grandes expatriados espanoles en Pekin.

Los espanoles en pekin, son a grandes rasgos, igual que el resto de espanoles que viven fuera, salvo por que ellos mismos se denominan espat (diminutivo de expatriado, que les aporta, a su entender, un matiz bohemio y de gente de mundo). Salen con espanoles, socializan con espanoles y a no ser que la noche se de muy bien, fornican con espanoles. Despues de tantas atrocidades hechas por nuestras antepasados en sudamerica, las nuevas generaciones, sin embargo cada vez recurren mas a la endogamia. Que se sepa, todavia no hemos llegado al nivel de ninnos bicefalos, pero todo se andara.

Por donde iba? Fiesta de despedida el dia que yo llegaba. Pues si. Se iba uno de los ilustres. Unos de los pinnones fijos que movia el cotarro por aqui. La cena era en un restaurante japones,con barra libre de comida y bebida. Para no ser menos que el resto de los espanoles llegamos casi media hora tarde, y nos estaban esperando todos sentados a la mesa. Como era de preveer, aquello era una huerta, y las pocas mujeres que habia, bien podian haberse quedado en casa.

La cena discurrio como siempre que hay tanta testosterona junta. Mucho alcohol, chistes verdes, y una cierta rivalidad por ver quien se cepillaba a la china que estaba sentada al lado. El fracaso (viendo a la china, de haber pasado algo, tampoco habria sido ningun triunfo)en gran parte se debio a que en vez de concentrar esfuerzos en ella, los dos cabestros se dedicaron a despretigiararse el uno al otro. Tanto fue asi que la china, ante la falta de atencion, no le quedo mas remedio que lanzarse a beber en soledad. Cuando ya por fin nos levantamos de la mesa, ella intento incorporarse. Mientras saliamos por la puerta, oi como su cabeza reventaba las baldosas del suelo.

El resto de la noche, no alcanzo a distinguirla de las siguientes que la sucedieron. Fueron noches de socializar en exceso, por mundos que no me llamaban. Lo que si que recuerdo fueron los dias siguientes en los que estuvimos buscando piso. Pero eso ya es otra historia.

martes, 11 de octubre de 2011

Happy Hour...

 Serían las 11:30 de la mañana cuando salí del avión. Hice la cola del visado y llame a Jacobo para comentar el plan. Jacobo o Jacob (una variante impuesta por el propio Jacobo; bastante hortera, todo hay que decirlo), es un muy buen amigo de la universidad. Nos conocimos hace 8 años, y es una de las principales razones por las que he acabado en Pekin. Ante la posibilidad de escribir mis vivencias aquí, y por miedo al escandalo que pudiese acarrear, le propuse que adoptase un seudónimo. Ante su falta de imanación, le bautice Jacobo.


  El plan era coger un taxi hasta el trabajo de Jacob, recogerle, y llevar las maletas a su casa, aprovechando el descanso de la comida. El estudio de arquitectura donde Jacabo trabajaba, era el mismo que me había contratado a mi, por lo que aproveche para saludar a mis futuros jefes. Algo me sorprendió, cuando uno de ellos, al verme con las maletas en la  puerta, me pregunto.
 -Bueno, vienes ya a trabajar?- Fui capaz de disimular mi cara de pasmo y le conteste.
- Pues la verdad es que acabo de llegar y no estoy en mis mejores condiciones. El pareció entenderlo bastante rápido y se apresuro a decir -Lo entiendo, pero pese a todo deberías de quedarte hoy a la happy hour. Un amigo mio de Nueva York esta aquí y va a hablarnos de sus proyectos.- Pese al cansancio, mis ojos brillaron centelleantes.
-Happy hour?-pregunte con ilusión.
-Si - contesto. Sonreía lleno de orgullo. Ese orgullo que se tiene cuando crees que has impresionado a alguien. Parecía como si el mismo fuera el impulsor de esas actividades. Probablemente lo fuera -Los viernes por la tarde tenemos unas sesiones en grupo donde bebemos y picamos algo.

Yo no daba crédito. Porque Jacob nunca me había hablado de esto? Según me iba animando yo solo con ideas de chinas bailando encima de las mesas, al mas puro estilo de Billy Wilder, percibí como Jacob a mi lado, luciendo una tímida sonrisa y sin dejar de mirar al jefe, hacia un leve gesto de negación. Nos conocíamos de sobra. Ese gesto dejaba implícito que mi idea feliz distaba mucho de la verdadera happy hour en el estudio.

 La casa de Luis... digo Jacobo, estaba a escasas 2 manzanas del trabajo. Eso en la escala de Pekin significa unos 15 minutos andando rápido (kilómetro y medio). Dejamos las maletas y bajamos a comer. Yo no tenia hambre, y menos sabiendo que Jacob, pretendía comer en el Mc Donalds (que en chino es algo así como Mei Donlao). Lo que tenia era sueño. La happy hour mas allá de lo desilusión, había acabado con cualquier esperanza de siesta que pudiera albergar.

 De vuelta en el trabajo Jacob me enseñó ya con mas detenimiento el estudio.Mi futura mesa, el área donde se podía comer, y la sala de conferencias. Mientras lo hacia, no pude dejar de observar, que todos los chinos, en la mesa de trabajo tenían un rollo de papel higiénico. Muy a mano.
 -Oye Luis, y los baños?
 -Fuera.- y sonrió con malicia- Saliendo del ascensor a la izquierda.
 -No serán de los de agujero y en cuclillas?
Luis solo se limito a mantener la sonrisa en su cara. Suspire y me dirigí a comprobar con mis propios ojos, la broma macabra que me estaba jugando el azar. Según me alejaba, Jacobo me grito un eh. Me gire justo a tiempo de coger un rollo de papel higiénico que volaba en una parábola perfecta hacia mi cara. Si alguien en el estudio no estaba mirándome hasta ese momento, ahora ya lo hacia.
 -Por si te hace falta.-dijo Jacob ya sin disimular la risa.
 -No me jodas que no hay papel?- Luis seguía riendo. Estaba disfrutando con todo esto.- Así que si te entra el apretón todo el mundo sabe a lo que vas?
 -Siempre puedes esconderlo.
Los chinos seguían mirando al chico nuevo con el rollo de papel en la mano, a medio camino de los ascensores. Volví a dejar el rollo en la mesa de la que supuse que Jacob lo había cogido, y me senté en una mesa libre. Iba a ser una tarde muy larga.

 Las horas pasaron, y me empecé a preguntar cuantas tardes así me quedarían por vivir en esa oficina. Me dieron escalofríos solo de pensarlo. Me quedaban 3 días para ser un chino mas, en un cubículo metido. Mi único consuelo, es que según Jacob, con nuestros sueldos, podrían pagar a todos los chinos del estudio, que serian unos 15. Si siempre ha habido clases, en China, mas.

 La tarde siguió pasando y a las 5 llego el momento esperado. Luis me aviso para coger sitio en la sala de conferencia, en la cabecera mas alejada a la pantalla. En el centro de la mesa había 2 botellas grandes de coca cola, un par de bolsas de patatas, y unos dulces japoneses del amigo del jefe (que tenia de neoyorquino lo que yo de pirata). La gente empezó a llegar y se sentó como pudo en la pequeña sala de conferencias. A mi lado se sentó una italiana, y a su lado un indio, completando así el temible grupo no chino del estudio. Eramos la sector duro del estudio. Los chicos malos.

 Entre el sector chino, había de todo, pero cabe destacar un grupito que sin duda albergaba a todas las estrellas de la patria china. Se trataba de 4 becarios, que tendrían suerte de pesar 100 kilos entre todos, y con pinta de no haber tocado una teta en su vida.

 El japones (o coreano, o vete tu a saber de donde era), empezó a mostrar una presentación con algunos de sus proyectos, mientras un par de chinitos se encargaban de ir llenando vasos de plástico con coca cola caliente, y pasar las patatas fritas picantes. Me ofrecieron los dulces japoneses, y no tuve mas remedio que aceptar. Le di un pequeño mordisco. Era algo repugnante. Una especie de gelatina macerada en higo. Vacié mi vaso de coca cola, y discretamente metí el "dulce" en el vaso. Mientras tanto el japones (que según iba cogiendo soltura, iba ganando en amaneramientos) no hacia mas que reírse de sus propios chascarrillos. Nadie mas lo hacia. La panda del moco, con su peculiar sentido del humor, seguro le habría reído alguna gracia, de entender ingles.

  Así que esto era la happy hour. Jacobo, que me vio la cara, se encargo de poner la puntilla.
 -Tienes suerte. Al menos el palomo cojo este, habla ingles. Es la primera happy hour que entiendo desde que llegue. Normalmente son 2 horas de un tío hablando sobre su gato. En chino.

LLegada a Pekin...

 Era un vuelo con escala, por lo que el estado de shock, no llego hasta el avión de Frankfurt. Salí con retraso de Madrid, y no tenia mucho tiempo para el enlace, por lo que cuando llegue a la puerta de embarque, ya estaban todos dentro. Todos esperándome. No digo que fuera el único occidental del avión (probablemente los habría), solo digo que yo no los vi.

Quizás fuera mi imanación pero entre las miradas que iba cruzando a medida que avanzaba por el pasillo, había una muy repetida. "Míralo que mono, no sabe donde se mete". Hubo una señora que incluso me agarro del jersey y asintió un par de veces sonriendo. Aun todavía me pregunto que cojones significa eso. 

Otras miradas eran de recelo y desconfianza. Las había de rubor y excitación. Solo a unos pocos les dejaba indiferente mi presencia. A mi todos me parecían iguales. Hay que decir que la etnia mayoritaria de chinos que poblan Pekin, no es la que tenemos en España. Son una versión un tanto mejorada del chino enjuto y esmirriado. Afortunadamente, esto se acentúa aun mas en sector femenino, pudiendo encontrar chinas de 1.80 y todo piernas. Para mi desgracia, ninguna de esas estaba en el avión. Pasillo a un lado y al otro una chinita digna de restaurante 24 horas.

 Pese al vino de la cena y a la ginebra que mi dentista me había recetado junto con orfeidal, el sueno en el avión fue bastante escaso. Disfrazado con unos cascos enormes, el antifaz, la capucha del jersey y la manta hasta las cejas, intente pasar lo mas desapercibido posible. Con casi toda seguridad, puedo decir que conseguí el efecto contrario. Pese al antifaz casi podía notar la mirada inquisidora de la china. Dormí lo que pude, a sabiendas de que mi enlace en Pekin ya me había liado para salir esa misma noche. Lo primero que vi al quitarme todos los bártulos fue una sonrisa socarrona de la china, que me anunciaba, que a partir de ahora, el chino era yo.

Últimos dias en Madrid

 A las palabras de mi padre me remito: "Hijo, te estas volviendo todo un especialista en dejar relaciones a medias. Lo tuyo es un don." Y no le falta razón. Uno, ya a ciertas edades empieza a conocerse y para evitar futuras desgracias, una semana antes de irme a la china, lucia ya el cartel de soltero. El precio fue dejar a una desconsolada novia jurándome amor eterno. Esas cosas que se dicen con la boca grande y el corazón despistado.

Sea como fuese, por una vez había hecho los deberes. Pese a alguna llamada desesperada de mi exnovia suplicando, todo apuntaba bien. Los últimos días de la semana los pase quedando con los de siempre, bebiendo y jugando al billar. Mi casa, por algún misterio, estaba habitada por familiares, cosa que impedía además, cualquier tipo de despedida femenina, y aunque probablemente fuera para bien, la idea de llegar a China con ansias de dar amor, no me terminaba de convencer.

Por esta razón o por casualidades de la vida, (nunca se puede estar seguro de quien busca a quien) dos días antes de meterme en el avión, se me cruzo una espina, clavada 7 años atrás. Nunca hay que subestimar la probabilidad de lo absurdo. Con la vista clavada en el triunfo, y sabiendo que si no era ella, otra ocuparía su lugar, conseguí echar a mi santa madre de casa, por una noche.

Todo iba medido. No había cabido para el error. El mañana no era una opción. Quedamos, hablamos, bebimos, nos sobamos. Todo fluyo bien. Muy bien. Tan bien que estando ya en mi casa, en mi santuario, la faceta mas peligrosa de mi afloro. Afloro como lo hace siempre. Por medio de preguntas, que aunque absurdas desde la perspectiva, en el momento desarbolan el mas fuerte de los deseos: siete anos para acabarlo con un mal polvo antes de irme?

Como ya he dicho la respuesta ahora, es inmediata: Si. Pero, no seria yo, si mi subconsciente no hubiese hecho de las suyas. Después de retozar en la cama durante horas, la chica se fue ya de d'ia, con un calentón de espanto. Yo por mi parte, no solo tenia que lidiar con el calentón, sino con los remordimientos por la gilipollez que acaba de hacer. He tenido días mejores.

Muchos hombres se piensan que solo nosotros pensamos con la polla. Eso es mentira. Prueba a dejar a medias a una chica que viene invitada a tu casa, con las expectativas generadas durante 7 meticulosos años. Y luego háblale de tu subconsciente. Si consigues que no te mate, te querrá follar hasta deshollarte. Y así fue. Ultima noche en Madrid. Después de cenar con la familia. Me fui a una terraza donde había quedado para la ultima despedida. Mis amigos, mi otra ex (plan B de la noche anterior), ella, yo, y copas. Muchas copas.

No se si la gente se fue o nos fuimos nosotros, solo se que acabamos dentro de mi coche. Ella pensando con la polla que ayer no tuvo, y yo con la que no use. Ella desnuda, y yo... Yo cabreado. Habían vuelto las preguntas, y las discusiones en mi foro interno:
- Desgraciado, si ayer no hiciste nada, que faltaban 2 días, y estabas en tu cama, ¿que vas a hacer hoy que es el ultimo y estas en el coche?
-Jodido marques, vergüenza me das...
-Hablando en mus, esto tiene menos ley que lo de ayer.
-¿Pero quien coño está hablando aquí de mus? Esto no es una jodida partida de cartas! ¿En donde coño tienes la cabeza? Hablamos de follar! ¿Quieres hacer el favor de mirarla?
La volví a mirar. Dios, estaba increíble, y estaba deseando que la hiciera mía. Sus ojos me lo pedian. Que coño... Toda ella me lo pedía. Pero no. Sabia que ya había perdido la batalla. Lo había vuelto a hacer. Me iba a China dejando en España algo a medias.

Tengo que admitir que en el fondo me encanta dejar cosas en el aire.

Inicio...

Estábamos en Cartagena, esperando en la calle a encuadernar la ultima revisión de diarios del exilio, cuando me propuso el proyecto. Según me hablaba de su idea, sus ojos brillaban con esa ilusión contagiosa que embriaga y empapa. Los dos crecíamos en entusiasmo, yo escuchándole y el viviéndolo. Era una idea sencilla. Consistía en un diario de sensaciones y experiencias que contrastase el choque cultural que sin duda viviría en china. Lo argumentaba como algo muy positivo para mi. Algo que no solo me haría seguir ganando soltura en el mundo de las letras, sino como algo "muy publicable".

Yo, aunque embriagado por ese carácter arrollador, veía que había algo más detrás de las palabras que decía. Veía las que se callaba. Obviamente no por vergüenza, sino midiendo y analizando la mejor forma de vendérmelo sin que yo me asustase. Cuando por fin las palabras Bukowski salieron de su boca, no pude por menos que sonreír. En parte por la satisfacción de estar en lo cierto, y en parte por la idea del proyecto en si.

Para los que desconocen quien es Bukowski, diré que a breves cuentas me pedía ser un corresponsal en la lejana china. Pero no un corresponsal de noticias de carácter formal informativo. Justo lo contrario. Me pedía noticias desde el punto de vista mas humano, perspicaz y crudo. Me pedía una crónica de vivencias, que para mucha gente pasaba de lo vulgar y mórbido. Detalles y carne. Mucha carne.