La colonia española en Pekín, aunque pequeña, se hace notar. Su fuerza reside en su unión (como ya he dicho, un español rara vez sale sin un refuerzo nacional que lo aliente). El lema de "picha española nunca mea sola", es extensible a cualquier evento. Hay quienes aseguran haber visto a un espat saliendo solo, pero lejos de las leyendas y los mitos, no hay registro de que eso haya pasado jamás.
Al igual que el resto de colonias occidentales, todos viven y salen por sitios muy concretos. Dentro de los sitios por los que uno puede salir en Pekín, hay distintos grados de chinismo. Puedes encontrar sitios donde el raro es el chino, y sitios donde el raro sigues siendo tu. A medida que te alejas de la zona de expatriados, el factor de chinismo sube. No es física nuclear.
Aclarado el factor de chinismo, hay que decir que la mayoría de los chinos no salen, principalmente por el impedimento económico. Pero no os equívocos. Aquí hay chino rico, y aquí, hay una clase social media alta bien extendida. Los chinos más tradicionales, no salen por que no está en su cultura nuestro concepto de salir. Pese a todo, gracias a la globalizacion la vida nocturna en Pekin, es salvaje. Si sabes a donde ir, puedes encontrar fiesta cualquier día de la semana. 21 millones de chinos dan para mucho. son casi 20 millones de caras iguales, descontando un millón de chinas realmente guapas (no busquéis un porcentaje en ese numero; me lo acabo de inventar).
El gran problema de las chinas, es que no hablan cristiano. Pese a todo (a diferencia de los españoles que salen solos) las chinas que hablan ingles, aunque raras, existen. Al margen de que sean putas o no, el hecho que hablen algo que no sea chino es cuanto menos sospechoso y suele ir ligado a una cierta promiscuidad. Los espat mas ilustres, cuentan con orgullo sus batallas con chinas. La mayoría de las historias son similares. China ligera de cascos, da pie a que el macho ibérico se perfile. Ante las torpes pero insistentes acometidas de este, la china cede su numero de teléfono. Hasta ahí, puta o no, todo es idéntico. El matiz de diferencia suele estar en que las que no cobran, intentan hacerse esperar unos días, mientras que las profesionales (a cambio de un módico precio) satisfacen en el momento. Otro detalle importante, es que las que no cobran son mas feas y lascivas que las propias putas.
Estos hallazgos, se fueron desvelando las primeras semanas (la mayoría por medio de confesiones). Esto era un duro revés para mis intereses. Yo no había venido a China a lo fácil. Yo había venido a china a por chinas de verdad. Mi verdad: mujeres seductoras y sensuales, con un toque de clase y distinción. Una evolución de la semilla que un día dejaron las geishas en Japón, y que tanto ha influido a el resto de Asia. Quería una china bien. Sofisticada. Sabedora de sus encantos, y capaz de usarlos a su antojo. Básicamente, una china que me las hiciera pasar putas. Las facilonas, para los que no tuvieran un ego que alimentar. Yo, estaba llamado a hacer historia.
A mi siempre hambriento ego, las facilonas le dan ardor. Lo barato a la larga sale caro, y las mujeres no son una excepción. Yo quería lo difícil, lo costoso, y eso no tenia cabida en el mundo de los spat. Además, la china que yo quería (mi china), no apuntaba a que fuera a saber ingles. Había demasiados inconvenientes en la ecuación, y las matemáticas nunca fueron lo mio. Las ansias del sueño chino, decaían por momentos. Corría el riesgo de acabar renunciando a él. Inaceptable. Tenia que evitarlo a toda costa.
Influenciado por el bueno de Mao y su libro rojo, decidí adoptar contramedidas que me acercasen a mi objetivo. Medidas drásticas y visionarias, que sin duda se anticipaban a lo que muy bien sabia que pasaría de seguir por esos derroteros.
La primera, (y la que mas picaba) era prohibirme occidentales hasta no haber catado el producto local. Mi historial hablaba por si solo. Me gustan las mujeres difíciles, y eso me acercaba mas a occidente que no a Asia (sobretodo si tenemos en cuenta la gran comunidad rusa que hay en Pekín). Las posibilidades de desviarme de objetivo eran muy tentadoras, y no podíamos correr ese riesgo. Niet rusas, niet europeas, niet americanas, niet niet niet.
La segunda contramedida era deshacerme de esos prejuicios hacia las facilonas. No se puede empezar pidiendo todo, y bien era cierto que cualquier acercamiento cultural previo, sería estar un paso más cerca del obejtivo. Bien sabia que eso probablemente me sumiese a posteriori en una pequeña crisis personal, asociada a el porque de mis actos, y todas esas mierdas con las que tanto me gusta torturarme. Pero un mejor conocimiento de la especie y la liberación que supondría estar en China haciendo lo que se me ha llamado a hacer, bien valía unos días de vació emocional. Si para ganar la guerra, había que perder una batalla, la perderíamos como hombres de valor (nota al querido lector: desde muy pequeñito, inconscientemente, suelo usar el plural mayestático. Siento si complica la lectura, pero dicen que reprimirse es malo).
La tercera, mas que una norma, era una guia. Le había bajado el grado, para no acabar siendo un deshecho social. Era una declaración de intenciones. Nada de quedarse en casa, hasta no haber clavado bandera. Nadie esta diciendo que hubiese que salir todos los días. Era simplemente impedir que mi faceta seta se apoderase de los días. Una incitación propia a salir a descubrir las delicias de oriente.
Según pensaba en estas tres medidas, una frase se repetía una y otra vez en mi cabeza. Era de una escena de Kill Bill Vol.1, donde el enfermero que se encarga de la sección de pacientes en coma, con una sonrisa malevola, un palillo en la boca y un acento sureño, se presenta a los comatosos: "Hi. My name is Buck, and Im here to fuck..."
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