Babas limpias, y pensamientos sucios. Este mundo es así. Contrastes que duelen a los sensibles, mientras cientos de flashes iluminan la mórbida escena. La política hoy no funciona, porque todos nos hemos vuelto tan corruptos como ellos. Podridos. Mentes corruptas bajo sonrisas que se envenenan al morderse la lengua.
El tren se retrasa porque hay trozos de un japonés en las vías. A ninguno de los presentes parece importarle el difunto. Solo se preocupan por como ello va a condicionar sus vidas. Como les hará llegar tarde, allá donde les esperen. A lo sumo al que le ha salpicado, se preocupará de como quitarse las manchas de la chaqueta. Que faena.
Se fue. Me dejo. Puede que la echara, pero eso poco importa. La cuestión es que se fue, y me dejo a vueltas con una soledad nueva. Una que no conozco. La de antes era amiga. Esta es extraña y todavía huele a ella.
Se fue. Y el armario esta lleno de un vacío que ocupa la casa entera. Hay calcetines sin pares en la cesta de la ropa sucia, y una pila de libros nada apetecibles. Hay pelos aquí y allá. Pelos que antes pertenecieron a una cabeza. Champús y acondicionadores de frutas en la ducha.
Me estoy planteando si alguna vez esta fue mi casa, porque ahora desde luego no lo es. Lo mío ya no es mío. Es un reducto de lo que antes era nuestro. La cocina esta llena de muesli y porquerías. ¿Que hago yo con 5 pares de huevos? Tortillas. Muchas tortillas...
Pero no. Lo peor no es eso. Lo peor quizás sea el aire. El aire viciado que empieza a oler solo a mi. Tengo su armario cerrado para intentar conservar ese olor, pero sin duda el polvo lo acabará consumiendo.
El hueco que hay en mi lado de la cama también es un incordio. He empezado a dormir en el suyo. Y el tiempo. El tiempo se ha multiplicado. Esta ahí. Impertérrito, mirándome con cara de guasa. Desafiándome a usarlo, a sabiendas de que no puedo. Como un loco ofreciéndote un revolver para que le vuele la tapa de los sesos mientras se burla de tu impotencia.
-Hoy no me apetece usarte, pero ven mañana si te atreves. Mañana te usare- le digo con desprecio mientras intento encontrar la postura en el nuevo lado de la cama. Y el se ríe. Se ríe de mi. Se ríe porque sabe que el estará ahí mañana. Y yo también.