Era ya tarde en la oficina, cuando Jacobo me paso un enlace por el sistema de mensajería interna del trabajo. “Mira en donde vivimos”, había escrito en el encabezado. El enlace me llevo a una noticia de un periódico español, que titulaba: "Polémica en China, por la indiferencia ciudadana tras un atropello en China", y bajo esas lineas estaba el vídeo que había dado raíz a la noticia.
Las imágenes habían sido captadas por una cámara de seguridad en una pequeña calle comercial de una ciudad al sur de Pekín. En ellas, se podía ver como una niña de unos 2 años, pasea sola por la calle, con esos ojos que solo los niños tienen. Mira arriba y abajo, todo le parece nuevo, todo le es extraño. Entretanto, aparece a ritmo entrecortado una furgoneta. El conductor, distraido por los distintos puestos que van cediendo a su paso, se acerca sin saberlo hacia la niña. Esta, que está mirando en dirección a la cámara, se da la vuelta justo para que el parachoques de la gran furgoneta, le de en la frente, caiga de espaldas y sea aplastada por la rueda delantera derecha. Debido a la reducida velocidad, el conductor le da tiempo a frenar, antes de que la rueda trasera pase por el cuerpo de la pequeña. Pero tras unos segundos de pausa, el conductor, con total desprecio por lo que haya podido atropellar, reanima la marcha, terminando de pasarla por encima. La niña queda tendida en la calle. La escena es aterradora, pero hasta ahí, no es más que un desafortunado incidente, a manos de un descarriado. Lo peor está por llegar.
La cámara sigue rodando. Sobre la calle, el cuerpo de la niña permanece inmóvil. Al rato, entra en la escena un hombre caminando. Se dirige hacia ella con paso tranquilo, pero al verla, la rodea, evitando así pisarla, e inmutable, prosigue su marcha. No es el único. Otras cuatro personas , pasan a su lado actuando de forma idéntica, hasta que por fin aparece otra furgoneta. Esta, al ver a la niña frena. Se produce un momento de incertidumbre, hasta que, sin bajarse si quiera retoma la marcha. Lentamente, intenta esquivar a la niña, pero la calle es demasiado estrecha y pasa por encima de los muslos de la pequeña. Primero con una de las ruedas delanteras. Luego con otra trasera. El cuerpo de la niña se zarandea por el impulso sometido, y se hace mas patente el charco de sangre en el que se baña su cuerpo. No se cuanto tiempo, ni cuantas personas más pasan al lado, haciendo gala de una total indiferencia, hasta que alguien tiene la “decencia” de arrastrar, el pequeño cuerpo a un lado de la calle. Tras otro lapso, aparece una señora, que coge el cadáver en brazos, y se aleja.
No se si el vídeo sigue. Fui incapaz de ver más. No se cuanto tiempo pasé sentado, con la vista clavada en el salvapantallas y hiel en la garganta, pero el resto de la tarde no fui capaz de hacer nada de provecho. Me faltaban fuerzas para enfadarme. Me faltaban fuerzas para llorar. Lo único que podía hacer era tragar saliva, con cada nausea que me sobrecogía. En el metro de vuelta, me asaltaban pensamientos fugaces. Raro en mi, intente deshacerme de ellos, y me sumergí en la lectura. “El Gatopardo”. No me apetecía nada leer en esos momentos, pero algo me decía que tenía que reprimir las sensaciones que mi mente estaba generando. Esa noche, un amigo vino a cenar. Tras unas cervezas, les deje a el y a Jacob en amor y compañía, viendo la tele, y me retiré a leer al cuarto. Sin duda algo en mi cabeza no estaba conforme. Me metí en la cama. Mañana sería otro día.
No fui plenamente consciente de todo lo que me había impactado el vídeo hasta que desperté, a la mañana siguiente. Me levante con la sensación de haber llorado en sueños. Había revivido el vídeo una y otra vez, y de todas las forma posibles. Había sido víctima, había sido delator, y había sido testigo. La última imagen que mostraba la cara de la niña, se había grabado a fuego en mi cabeza. Había algo tan familiar en ella. Me recordaba a mi sobrina. Me transmitía, inocencia, y ansias de saber. Curiosidad e ingenio. Todo bajo un furgón.
Un poco después, en el metro, de camino al trabajo apenas podía contenerme. En cada cara de cuantos me rodeaban, veía todos los que con su indiferencia habían condenado a aquella niña. Todos cómplices. Todos asesinos. Buscaba cualquier excusa para poder arremeter contra cualquiera de ellos. De vengarme a mi manera.
Lo que más me dolía era que normalmente el insensible era yo. Siempre he sacado lo peor de cada situación para que ninguna de las que viniera en un futuro me cogiera por sorpresa. Pero esta lo había conseguido. Ya lo creo que si. Y al hacerlo, había salido mi faceta más humana. Esa que raras veces encuentro. Esa, en la que parece que todavía me afectan las cosas que pasan. Por un momento me reconocí a mi, pasando al lado de la niña. Insensible. Inescrutable. Me odiaba a mi mismo, pero más los odiaba a ellos.
Conseguí no matar a nadie de camino a el estudio, e intente que mi mañana fuera lo más sosegada posible. Seguí dándole vueltas. No sabía quien era el responsable, pero a alguien tenía que culpar. Dudaba entre el país, la cultura, el mundo, o a nuestra sociedad, por arroparnos en lechos de comodidad, y no prepararnos para esto. Entre tantos pensamientos, llego la hora de la comida, y Jacob pregunto a los de siempre que si querían acompañarnos. Así, bajamos a comer, dos chinos, la italiana, Jacob y yo. Creo que si Jacob hubiese sido consciente de mi estado, habría prescindido del resto de la compañía, o de la mía.
Nada mas sentarnos, saque el tema. Quería saber las opiniones de la gente local. Lo necesitaba. Ambos habían visto el vídeo. Ambos se compadecieron de la niña, pero acto seguido intentaron darme una explicación para esa conducta. Me dijeron que en China, debido al sistema legal, cada vez era más frecuente, que los que ayudan a personas tras un accidente, suelen ser acusados del propio accidente, por la víctima, en un intento de esta por conseguir una compensación económica. Aquí, uno no es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Parece ser que si alguien magullado te señala con el dedo, ya te puedes encomendar a lo más sagrado. Y por si fuera poco las autoridades tiene la potestad de meterte 30 días en prisión, sin tener que presentar cargos. Cuanto mas hablaban más me enfadaba. Con ellos, por intentar justificarlo, pero sobre todo contra el sistema. Según me contaron, el propio gobierno, haciendo referencia a hechos parecidos, había emitido comunicados, diciendo que la gente que prestase ayuda en caso de accidente, tenía que ser consciente de que al hacerlo, se jugaba que lo implicasen. Sin duda un modelo a seguir.
La conversación degeneró, en el sistema policial en China, y yo, enfadado con el mundo, me desquité torturandolos. Me queje de su sistema, despotrique sobre la censura y cuestioné su ética, al poder atender a razones al ver a una niña moribunda. Pese a todo, esto solo me hizo sentirme peor. De camino a casa aquella noche, el metro me volvió a parecer una zona hostil. Iba leyendo en sus rostros, con la mentalidad que estos acontecmientos me habían otorgado, intentando ver más allá de lo que hasta ahora había conseguido. Antes me faltaba criterio. Ahora, era consciente de que sus mentes eran un mundo que se escapaba a mi comprensión. Sentía miedo solo de imaginarme, que habrían tenido que ver por esos ojos, para alcanzar ese grado de indiferencia. Solo la idea me aterraba. Pero quería acostumbrarme. Tenía que acostumbrarme.
Tenía que hacer mio este nuevo mundo del que tan poco sabía. Volver a disfrutar de mis momentos, pese a esta nueva realidad. Era cierto que el mundo no había cambiado, pero mi conocimiento sobre él si. Cada día sabia un poco más. Y cada día lo repudiaba otro poco. Pero justamente era ese odio, el que me hacía apreciar la belleza que la crueldad alberga. Necesitaba tener presente esos horrores, si quería llegar a amarlo algún día. Como una flor entre lodo, así es el mundo, y para amarlo, hay que comprenderlo. Comprenderlo y odiarlo. Solo así, cuando sabes de lo salvaje, lo duro, y lo cruel, puedes apreciar la poca bondad que en el habita, por insignificante que sea.
Llegue a casa, y me senté a escribir esto que acabas de leer. Mañana sera otro día.
19-Octubre-2011
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