domingo, 16 de octubre de 2011

Los espat...

Tras el chasco sufrido en la Happy hour, huimos despavoridos para casa. Yo queria echar una cabezada, pero Jacob insistio en subirnos unas cervezas y celebrar mi llegada (retendia asi evitar que mi faceta seta, en la que empalmo la cabezadita de antes de salir con el desayuno del dia siguiente). Ademas no disponiamos de mucho tiempo, teniamos una cena de despedida, de uno de los grandes expatriados espanoles en Pekin.

Los espanoles en pekin, son a grandes rasgos, igual que el resto de espanoles que viven fuera, salvo por que ellos mismos se denominan espat (diminutivo de expatriado, que les aporta, a su entender, un matiz bohemio y de gente de mundo). Salen con espanoles, socializan con espanoles y a no ser que la noche se de muy bien, fornican con espanoles. Despues de tantas atrocidades hechas por nuestras antepasados en sudamerica, las nuevas generaciones, sin embargo cada vez recurren mas a la endogamia. Que se sepa, todavia no hemos llegado al nivel de ninnos bicefalos, pero todo se andara.

Por donde iba? Fiesta de despedida el dia que yo llegaba. Pues si. Se iba uno de los ilustres. Unos de los pinnones fijos que movia el cotarro por aqui. La cena era en un restaurante japones,con barra libre de comida y bebida. Para no ser menos que el resto de los espanoles llegamos casi media hora tarde, y nos estaban esperando todos sentados a la mesa. Como era de preveer, aquello era una huerta, y las pocas mujeres que habia, bien podian haberse quedado en casa.

La cena discurrio como siempre que hay tanta testosterona junta. Mucho alcohol, chistes verdes, y una cierta rivalidad por ver quien se cepillaba a la china que estaba sentada al lado. El fracaso (viendo a la china, de haber pasado algo, tampoco habria sido ningun triunfo)en gran parte se debio a que en vez de concentrar esfuerzos en ella, los dos cabestros se dedicaron a despretigiararse el uno al otro. Tanto fue asi que la china, ante la falta de atencion, no le quedo mas remedio que lanzarse a beber en soledad. Cuando ya por fin nos levantamos de la mesa, ella intento incorporarse. Mientras saliamos por la puerta, oi como su cabeza reventaba las baldosas del suelo.

El resto de la noche, no alcanzo a distinguirla de las siguientes que la sucedieron. Fueron noches de socializar en exceso, por mundos que no me llamaban. Lo que si que recuerdo fueron los dias siguientes en los que estuvimos buscando piso. Pero eso ya es otra historia.

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