martes, 24 de enero de 2012

Asobu...

Mis días se convirtieron en un reducto del tiempo que pasaba despierto. Fuera, los fuegos artificiales celebraban mi hundimiento. Con cada petardo me veía mas inmerso en la mierda que me rodeaba. En gran parte porque nuestra Hayi llevaba sin venir a recoger ya una semana. Es increíble la de mierda que se puede acumular en siete días. Y yo, esponja de todo cuanto me rodea, me veía afectado por el estado de mi entorno. Me convertía en un despojo más de la casa.

Intenté sacar fuerzas para limpiar. Conseguí dejar mi cuarto hecho una patena, pero cuando llego el momento de limpiar las áreas comunes, asumí resignado el enorme poder de la entropía. El desorden reina en el universo, y sin duda reinaba en mi salón. Me llegué a plantear que pasaría cuando Jane, nuestra Hayi, por fin apareciese por la puerta. Algo me decía que a sus ojos, yo no sería nada más que desorden, y que no dudaría en cogerme en volandas junto con el resto de la basura y tirarme al contenedor.

Me pasaba los días leyendo o escribiendo o oyendo música. Es increíble la unión casi mística que hay entre la música clásica y una casa sin recoger. El Bolero de Ravel, casi hacía que la mierda circulase frente a mis ojos, marchando para mi. Las Arias de Bach sin embargo la elevaban a un plano casi celestial. Pero quizás lo más asombroso fueran las Estaciones de Vivaldi. Veías pasar un año entero a través de los distintos estados de mierda que te rodeaban. El tiempo volaba, y cuando te querías dar cuenta ya había llegado el verano, solo para volver a dar paso al invierno al mirar por la ventana.

 Hay una palabra japonesa fantástica que define mi estado de esparcimiento. Asobu. La definición mas inmediata quiere decir jugar, pero como todo en Japón, Asobu es objeto de una segunda interpretación más profunda. En japonés, cuando uno no trabaja, se le llama Asobu. Pese a todo queda lejos de la palabra ocio, que tanto me irrita.

Dejémoslo claro. Yo no estoy ocioso. Yo estoy en la mierda. Hago auténticos esfuerzos por mimetizarme con cuanto me rodea en mi casa. Jacob, sin embargo, está ocioso. Hoy mismo se ha ido a un lago para patinar con el resto de espats. Eso es ocio, lo mío es una forma de vida. Tengo que estar en sintonía con el casquillo de cerveza que me bebí ayer por la noche, con la chapa que hay en el suelo, con la servilleta llena de mocos que hay sobre la mesa, junto a las migas de pan y la bolsa de cacahuetes. Solo entonces, cuando entre en sintonía con cuanto me rodea, y entienda lo que soy, podré saber que cojones hacer con mi vida. Hasta entonces, seguiré viendo la mierda desfilar al ritmo de los tambores de Ravel.

Me retiro, hoy estoy de asobu...

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