lunes, 14 de enero de 2013

Hijos de Mao...


En aquella ciudad todo estaba imbuido por la podredumbre y la suciedad. Daban ganas de sacar la fregona y limpiar las calles. La ciudad y sus gentes. Si. Sobre todo a sus gentes...

Había flores y primaveras, pero nadie las miraba. A nadie le importaban. Nadie las miraba, y ellas se morían en su agonía. Y es que las cosas bonitas tienen que ser observadas para sobrevivir. Si nadie las disfruta, desaparecen.

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