En aquella ciudad todo estaba
imbuido por la podredumbre y la suciedad. Daban ganas de sacar la fregona y
limpiar las calles. La ciudad y sus gentes. Si. Sobre todo a sus gentes...
Había flores y primaveras,
pero nadie las miraba. A nadie le importaban. Nadie las miraba, y ellas se
morían en su agonía. Y es que las cosas bonitas tienen que ser observadas para
sobrevivir. Si nadie las disfruta, desaparecen.
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