Septiembre se acercaba, y
mi salida de China era inminente. Había vuelto de las vacaciones de verano con ansias de cambio. No más escupitajos en
el suelo, ni gruñidos de taxistas. No. Pensaba cumplir el año y migrar.
A la vuelta de las
vacaciones, había pasado por Singapur con la
intención de hacer un par de entrevistas. Todo fue sobre la marcha, improvisado y decepcionante.
Quizás falló el margen de tiempo (escribir con tres días de antelación
exigiendo audiencia, no es una estrategia muy recomendable). Quizás fue el que
no hubiese actualizado el curriculum desde que salí de la carrera, o quizás,
simplemente no di la talla. Sea como fuese, me pasé dos días recorriéndome Singapur, sin conseguir una sola entrevista.
Admito que la ciudad me dejó
un poco más frío que la primera vez que había estado. Si. Sigue siendo una ciudad
que ralla en la utopía, pero le falta carácter Todo funciona,
todo está limpio y todo es... Demasiado snob.
Descafeinado. Un tío asocial y borracho, con aspiraciones de poeta no encaja en
una ciudad así.
De modo que una vez en
Pekín, y rehecho mi portfolio, centré toda mi atención a ese viejo conocido,
que tanto me había entusiasmado. Apreté los dientes y me dispuse a enviar. En
dos semanas mandé más de cien curriculums a Japón. Sabía que era complicado. En la mayoría
de sitios no contratan a extranjeros, y en los que lo hacen, suelen pedir que
hables japonés. Además con la espantada general de arquitectos por el mundo
debido a las diversas crisis, estamos en superávit.
Me contestaron unos 15, diciéndome que gracias por el interés mostrado, pero que sin ser fluente en
japonés, bien podía peinarme. Algunos incluso me dijeron que si aprendía japones,
que les volviese a contactar. Pues gracias.
Afortunadamente, tres me contestaron diciendo
que estaban interesados. El primero consistía en 2 semanas de prácticas no
pagadas, en base a las cuales, optabas a un puesto en el estudio. Hicieron especial hincapié en
que las prácticas no garantizaban un puesto al final de las
mismas.
Los otros dos se tomaron en
serio la parte de mi mail donde decía que me iba a mudar a Japón a final de
mes, y me contestaron, interesados en una entrevista. A la
semana siguiente estaba volando rumbo a Japón.
Hay algo mágico en volar de
China a Japón. Percibes la hostilidad y la envidia. Percibes como la gente se
va volviendo más educada y ves como los chinos se van retrayendo, conscientes
de que el suelo que pisan ya no es la madre patria. Se vuelven más callados.
Menos grotescos. Disfruto viendo como se encogen.
Llegué al aeropuerto de
Haneda pasado el medio día, y mi primera entrevista era a las 4 de la tarde.
Quería pasar por el hotel primero, y para no andar apurado de tiempo decidí coger
el taxi. En Japón el transporte es prohibitivo, por lo que aunque me dolió pagar
los 56 euros de taxi, por un trayecto de 20 minutos, no me terminó de
sorprender.
Tras surtirme de mapas me
lancé a la calle en busca de una entrevista. Salvando las dificultades del
metro de Tokyo llegué a la entrevista , media hora antes. Aproveché para dar un
paseo por el barrio. Era un barrio residencial de casas bajas, con comercios
a pie de calle. Parecía agradable, y algo venido a menos. Pero se respiraba
autenticidad a borbotones.
El jefe del estudio era un
japones de unos cincuenta años. Me pareció un tipo simpático y correcto. La
entrevista fue bien. Estuvimos hablando de mi trabajo en China, ya que para mi desgracia, la mitad
de los proyectos del estudio eran allá. Mostró gran interés
por mis proyectos, y tras media hora de charla, me dijo abiertamente que estaba interesado en contratarme, y que esperaba tener noticias mías la semana siguiente. Antes de
despedirse me sugirió que hablase con
un arquitecto americano y otro de Singapur, para ver como funcionaban las cosas
en el estudio.
No voy mentir. Desde el
minuto tres de la conversación me cayó francamente mal el americano. Parecía esforzarse en pintármelo todo negro.
Me dijo que pese a trabajar al lado de un buen amigo suyo, el ritmo en la
oficina le impedía verle más de una vez cada dos meses. Me contó numerosas
batallitas de días en los que apenas podía comer de la cantidad de trabajo que
tenía. Cuanto más hablaba mas jilipollas me parecía.
Mi ceja izquierda se paso
toda la conversación levantada como muestra de escepticismo Me habría gustado
poder levantar la derecha para darle descanso a la izquierda, pero tristemente
solo lo sé hacer con una. El seguía narrándome batallas de las injusticias del
mundo japonés para con los arquitectos. Era increíble lo variedad tan surtida
de infortunios que se sabía. Yo con educación y sin el conocimiento suficiente
para cuestionarle, escuchaba en silencio.
Su forma de hablar era
nerviosa y destartalada, y sus ojos, saltones iban al ritmo de sus palabras,
mirándolo todo de una manera frenética. De vez en cuanto echaba las
pupilas para atrás, como si el ojo no quisiera seguir en aquella cara, solo para
volver a mirar adelante, al tiempo que se arrancaba con alguna frase fuera de lugar.
El tiempo seguía pasando y las historias
seguían llegando. Ya cuando intentó convencerme de lo fácil que era la vida en
China comparada a lo que me iba a encontrar en Japón, le acabé de hacer la
cruz. Le interrumpí. Eso le puso aún más nervioso. Aproveché el espasmo que esto le produjo para empezar a contarle yo mis vivencias en China. El hecho de
que no hablase hacía que moviese los ojos aún más. Con cada historia que le
contaba, se sentía cada vez más contrariado. Sus ojos entraron en un estado de
epilepsia, y decidí que era mejor no seguir. Si explotaban, salpicaría.
Debería haberme quedado con
las pocas frases que conseguí enlazar con el singapurense, antes de que ojos
locos nos interrumpiara con alguna historia con final fatidico. Debería, pero
por más que lo intenté no pude. Salí de la entrevista ya de noche. Chispeaba, y
el barrio que antes me habia parecido una zona agradable y autentica ahora
tenia un cariz siniestro. Maldije a ojos locos por sembrar dudas donde antes
había ilusión. Aquella noche cai rendido
nada más llegar al hotel.
Me desperté al día
siguiente aún con sueño. La otra entrevista la tenía a las 3 de la tarde, cerca
de la estación de Shibuya, a unos 15 minutos andando desde mi hotel. Paseé por el
barrio hasta que se hizo la hora.
La segunda entrevista, fue mucho más
informal. El estudio era un cuarto de no más de 30 metros cuadrados, regentado
por un arquitecto alemán. Cuando le dije que el día anterior había hecho otra entrevista pareció molesto. Me dijo que estaban
esperando la aprobación de dos proyectos grandes, y de ser así, necesitaría
contratar a alguien. Su mirada inquisidora me sacó de quicio. Me miraba como si
no creyera nada de cuanto le decía, y tuviese que urgar en el interior de mi
retina para sacar la verdad.
Me sentí aliviado al salir
de ese cuartucho, pero al instante se cernió sobre mi el vacío. Ya
había hecho las entrevistas, y estaba en mi mano el venir a trabajar a Tokyo. Me
quedé parado en mitad de la acera. Mil
voces susurraban en mi cabeza. Sorprendentemente la más audible de todas era la
del miedo.
“Esperabas otra cosa, ¿verdad?
¿Esperabas la voz de la alegría? ¿Tal vez la de la superación? Pues no. Claro
que están ahí, pero ahora mismo soy yo la que ocupa tus
pensamientos. Esto es solo el principio, y tu lo sabes. Dentro de poco te
enfrentarás a lo que más temes. La insatisfacción. Has conseguido lo que tanto querías. Que insensato eras si pensabas que no me ibas a encontrar aquí, esperándote. Ahora es cuando más tienes que perder. Si tus expectativas
son más fuertes que tus ilusiones, llegará el vacío...
El hilo de voz se perdió, y
me encontré de nuevo, quieto, en la acera. La gente pasaba a mi lado en ambas direcciones. Miré al cielo y su azul me iluminó. Había
nubes de viento, de esas que se alargan y se difuminan en los días de calor. Suspiré.
Geniales relatos nos ragalas joven. Me parto con ojos locos.
ResponderEliminarComo ya te dije, sólo espero que el mundo no se te quede pequeño antes de tiempo.
Suerte y que Japón disfrute de ti!
xxx
Espero que "relatos de un expatriado en Pekin" se convierta en "relatos de un expatriado en Japón"!
ResponderEliminarSUERTE!