Da igual como se haya dado en el fin de semana, todos tienen un factor común. Los domingos. Ya haya sido un fin de semana de trabajo, uno de fiesta o uno de sexo salvaje, todos acaban con domingos de reflexión.
Mis domingos son sagrados. Son para mi, y para nadie más. Son mis días. Es todo lo que me ha quedado. En Ginebra cada día era un domingo. Ahora los tengo que valorar, mientras los esparzo en el tiempo. De domingo en domingo.
La jornada de reflexión no se trata de Ian sentado en el sofá, resolviendo el mundo, copa en mano (a veces ocurre, pero ya entrada la noche). Suelo empezar, disfrutando con alguna película, o algún libro. A poder ser algo con fundamento, que me permita enlazar hechos de mi vida con el tema que se aborda. Así pues, después de un fin de semana de lo más completo, solo quedaba por elegir con que rematar el domingo. He decidido ver The Descendants, con Geroge Clooney. Toda la película gira entorno a una mujer en coma, y como una familia rota se articula entorno a ella. Sin duda ha ido de menos a más, y al final, ha tenido momentos que me han conmovido. Ha terminado tocándome. Que mal suena eso.
El tema de la familia (el tema de los recuerdos) es algo que siempre me sobrecoge. Quizás porque es donde más se puede apreciar el paso del tiempo. La decadencia. Ese estado lacónico donde la futilidad del ser se hace patente (esta frase se la dedico a los que me llaman pedante). Te das cuenta de que todo lo que nos quedan son los recuerdos de momentos puntuales, y lo en uno producen.
Echo de menos mi infancia. Echo de menos, todo lo perdido. El concepto que tenia de las cosas, cuando miraba con ojos de niño. Echo de menos a mi familia. Echo de menos las cosas que se nos quedan grabadas. No tanto el momento en si, como la idea que el tiempo deja. El recuerdo. El poso.
Estoy en China. Ayer lo pensaba de camino a casa. Estoy en China. Creo que ha sido la primera vez que he tenido plena consciencia de ello. Pese a todos las quejas, pese a todos los lamentos, no habia llegado a entender que este es mi presente. Mi vida está aquí. Pertenezco a esto. Esto es real, el resto son recuerdos. Salgo de mi casa y es China. Abro los ojos y es China.
Supongo que echo de menos todo aquello de lo que huyo. La normalidad. El tener un sitio fijo. Un corazón quieto. Unos pilares donde agarrarme e impulsarme. Algo que me permita ser fuerte. No depender solo de mi fortaleza interior. Unas raíces que me aten, que me acoten. Que hagan de mi mundo un lugar más fácil. Echo de menos ser mediocre. Aspirar a cosas sencillas. Si. Echo de menos ser feliz en mi sencillez. Esa sencillez contra la que tanto arremeto y tanto aborrezco. Esa que tanto miedo me da. Tanto tanto.
Mañana me despertaré y volveré a soñar. Volveré a aspirar a un algo que todavía no alcanzo a entender. Mañana volverá la eterna búsqueda. Mañana seré el de siempre. Mañana sera mañana. Pero hoy... Hoy tengo morriña.
Esta me ha gustado! ;-) Marta.
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