sábado, 7 de enero de 2012

Domingo de ceniza...

Me levanté sumido en la mierda que envuelve las mañanas en Pekín. El sol se esforzaba por atravesar la seta tóxica , sin ningún éxito. Pese a todo era agradable el intento. Lo aprecié. Recordé la noche anterior. Y la derrota se cernio sobre mi. Odio ese olor. Me incorporé en la cama  y al hacerlo vi mi reflejo en el cristal del baño. Solo la cabeza. Una cabeza llena de malos pensamientos. Una cabeza que no tenía un buen día.

Nunca me han gustado los domingos, pero con el tiempo he aprendido a odiarlos de una manera especial. Los aborrezco con cariño. Ese odio que pese a todo dibuja una sonrisa estupida en tu cara. Masoquismo.

Sin duda este domingo presumía ser un domingo de aceptación. Aceptar que me habían chuleado. La cosa no tenía más misterio. Yo había contestado a un mensaje y la réplica nunca llegó. Incluso cuando yo escribí una segunda vez. Nada. El más doloroso de los silencios. Recordé las veces que había mirado el movil la noche anterior, y como cada vez que lo hacía mi ánimo me iba abandonando. Imbécil.

 Había mil razones que podrían explicar el porqué no tuve respuesta, pero muy en el fondo yo sabía que solo eran excusas. La razón como siempre suele ser la más obvia. El asesino siempre es el de la pistola humeante, y el tonto el de la baba colgando. Todo lo demás son hipotesis, que nos debilitan. No contesto porque no quiso. Si, hoy  iba a ser un domingo largo.

Cuando alguien se tiene en tan alta estima, el simple hecho de no recibir un mensaje, sienta realmente mal. Te planteas si la otra persona es idiota, pero sabes que no lo es. Sino, no te gustaría. Entonces te planteas si es un problema de falta de conociemiento. De si realmente la otra persona supiera más sobre ti, no habría contestado uno, sino tres mensajes. Te vuelves a mentir, y eso es lo que más te molesta. No quieres caer en la trampa de ponerte excusas baratas. Simplemente tienes que entender que no siempre se puede ganar. Menuda mierda.

Un mensaje. Un misero puto mensaje y aquí estoy. Planteandome los principios de mi condición humana. Sin duda el amor propio es una arma de doble filo. Te sientes seguro hasta que las cosas no encajan. Entonces el más estupido de los detalles abre una puerta a la duda, y todo se tambalea. Te das cuenta de que la seguridad en uno mismo no se basa en afrontar los triunfos con la cabeza alta, sino en aceptar la derrota. Estar seguro de uno mismo en la victoria no tiene merito. Cualquier pedazo de mierda se siente grande cuando gana. Si no, mira a los políticos. Lo jodido es seguir sabiendo de la grandeza de uno en la derrota. Se trata en seguir confiando en uno, tras el fracaso. Encajarla y saber que eso no cambia nada, por que tu vales más. Saber, que los agentes externos no demuestran lo que eres, porque lo que eres, lo llevas dentro y solo tu lo sabes.

Un puto mensaje. Patético.

4 comentarios:

  1. Hay que saber estar a ambos lados de la trinchera, joven

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  2. Hasta en la mayor de las lejanías eres inspirador,
    creo que a veces pones letras a mis pensamientos....

    SA.

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  3. Es lo que pasa cuando te gustas más tú mismo que la muchachita que tienes delante. Si ella te gustara más de lo que te gustas a ti mismo (que ya es difícil), entonces habría más días como éste, de suplicar por una mirada, pero también algunos de dicha absoluta. Bienvenido por unos instantes al mundo de los mortales. Si sigues por ese camino, tal vez hasta te enamores alguna vez. :P
    Eyize

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